Tapas duras color púrpura y el título escrito en hilo
dorado: “CORAZÓN”
Era de Manolín de Vicen, mi vecino, dos años menor que
yo. Se lo regalaron cuando le operaron de anginas. Él tendría unos ocho años. Se
lo cambié por un paracaidista de plástico de mi hermano. Por suerte, Manolín no
era mucho de leer.
Lo abro sentada en la cama - que es como más me gustaba
pasar los sábados, sentada en la cama y rodeada de libros-. No paraba de leer
ni cuando mi Madre me traía el almuerzo a la cama, tostadas de pan recién
hechas con mantequilla y azúcar.
Sí, mi Madre es una bendita. Me dejaba volar en mi mundo
de fantasía durante horas, y me llenaba la cama de libros. No le preocupaba lo
más mínimo que, con diez años, prefiriera estar ahí en lugar de jugar a los
cacharritos con Mónica, mi vecina del quinto.
CORAZÓN, de Edmundo
de Amicis.
Querido libro, durante años no he recordado la historia
que cuentas, tan sólo las tapas púrpura con el nombre en hilo dorado, a mi Madre
y el olor de las tostadas de mantequilla.
#historiasdelibros